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Homilía en el Tedeum por el Día de la Independencia

 

HOMILÍA DEL DÍA DE LA INDEPENDENCIA

 

Parroquia San Juan Bautista

Paraná, 9 de Julio de 2014

 

Como todos los años, como lo hicieron nuestros representantes, reunidos en la histórica Casa de Tucumán, el 9 de julio de 1916, hoy también nosotros queremos invocar Dios,  como fuente y origen de toda razón y justicia como lo invoca nuestra Constitución Nacional.

Y lo hacemos con el convencimiento más firme, como dice el Salmo,  que en vano trabaja el obrero, si el Señor no construye la casa y que en vano vigila el centinela, si el Señor no cuida la Ciudad.

Creemos que nuestra Patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, un regalo que debemos cuidad y mejorar. Esto mismo nos exige superar  las tensiones históricas de nuestro ser como país.

La patria es nuestra madre. Nos engendró, somos parte de sus entrañas,  nos abriga bajo su bandera celeste y blanca, nos da su nombre, el de argentinos, que nos hace participes de sus triunfos y fracasos; sus alegrías y sus sufrimientos,  sus sueños y esperanzas.

En tiempos marcados por la globalización, no debe debilitarse la voluntad de ser nación, una familia fiel a su historia, a su identidad y a sus valores humanos y cristianos.

Tenemos que pedir la gracia para renovar nuestro entusiasmo por construirla juntos y curar cuidadosamente sus heridas y como insiste nuestro querido Papa Francisco trabajar y crear la cultura del encuentro, refundando con esperanza nuestros vínculos sociales. No se trata de una nueva utopía irrealizable ni muchos menos de un pragmatismo desafectado.  Es como decía Francisco “la necesidad de convivir para construir juntos el bien común posible que resigna intereses particulares para poder compartir con justicia sus bienes”

Es el momento de la magnanimidad, humildad y renuncia que distinguieron a nuestros próceres para que todos, sin excepción, nos  sintamos pequeños obreros en la construcción de la Patria. Hay que ponerse la Patria al hombre (Cardenal Bergoglio), a hacerse cargo de su pasado, presente y futuro; a forjarlo de la memoria de sus raíces, de sus convicciones más profunda apelando a la creatividad y al compromiso para construir una nueva Nación.

Permítanme una reflexión tal vez un poco circunstancial. ¿ cómo nos gusta ver nuestra calles en estos días con la bandera argentina, todos festejamos con los mismos colores… y estoy seguro que detrás de cada uno de esos argentinos hay hinchas de River o de Boca, de Patronato o Paraná, de uno u otro partido político, de distintas opiniones y sin embargo todos detrás de un objetivo. No hay violencia, no hay agresión.

¿No es posible soñar que todos los argentinos, nos pongamos la misma camiseta para soñar un bicentenario sin equidad, sin pobreza, viviendo plenamente la libertad que supimos conseguir en Tucumán: libertad que hay que defender todos los días?

No es posible pensar en políticas de estado, con consensos amplios mirando el bien común de los argentinos. Hace poco tiempo el Papa Francisco nos recordaba que la  “cuestión económica es un tema central en la vida de los pueblos, pero siempre debe estar al servicio del bien común, del crecimiento integral de la persona humana y en el marco de la justicia”. “El orden económico no es independiente del orden social, ambos pertenecen al mundo de la ética y tienen en el hombre su sentido y referencia.

     

Antes de terminar  quiero elevar mi oración al Señor por aquellos hermanos nuestros que sufren como consecuencia de las inundaciones.

Y le pido al Señor fuente de toda Sabiduría, para que ilumine a todas las autoridades  de nuestra provincia y ciudad. Que Dios los siga iluminando y fortaleciendo para las grandes desafíos en esta  camino al Bicentenario y les de fortaleza para buscar ante todo el bien de nuestro pueblo en  la búsqueda del bien común de nuestra Patria.

Que Nuestra Señora de Luján, patrona de La Argentina,  haga sentir su presencia de Madre y nos acompañe siempre en el caminar de nuestra historia.

Que así sea

 

      + Juan Alberto Puiggari

       Arzobispo de Paraná