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HOMILÍA TEDEUM 25 DE MAYO DE 2015

 

Parroquia Santo Domingo Savio. Paraná

 

 

Queridos hermanos:

 

Nos hemos reunido en este templo  para orar por nuestra patria, en un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo.

El 25 de mayo de 1810, el Cabildo abierto de Buenos Aires expresó el primer grito de libertad que culminaría el 9 de julio de 1816,  cuando los representantes de las Provincias Unidas en Sud América se reunieron en la ciudad de San Miguel de Tucumán y declararon la independencia nacional.  

Estamos agradecidos por nuestra patria y por las personas que la forjaron. Con este sentimiento de gratitud nos hemos congregado hoy, para pedir la gracia de vivir con responsabilidad y grandeza este tiempo ya próximo al Bicentenario, que estamos recorriendo con el compromiso y el deseo de trabajar para ser  una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común.

Como expresábamos los obispos Argentinos con motivo del Bicentenario; anhelamos poder celebrarlo con justicia, sin excluidos  y con un país reconciliado.

Tenemos que animar a pensar la Argentina de los próximos 100 años, necesitamos un proyecto de país, reafirmando  nuestra identidad común, estableciendo políticas públicas con consensos fundamentales que se conviertan en referencias para la vida de la Nación y puedan subsistir más allá de los cambios de gobierno, para lo cual hay que mirar el pasado de nuestra historia para proyectar un futuro  pensando en todos los argentinos sin exclusión.

Desde los inicios de nuestra comunidad nacional, aun antes de la emancipación, los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia. 

En nuestra cultura prevalecen valores fundamentales como la fe, la amistad, el amor por la familia,  la defensa de la vida de toda vida , la búsqueda del respeto a la dignidad del varón y la mujer, el espíritu de libertad, la solidaridad, el interés por los pertinentes reclamos ante la justicia, la educación de los hijos,  el amor a la tierra, la sensibilidad hacia el medio ambiente, y ese ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente las situaciones duras de la vida cotidiana.

Estos valores tienen su origen en Dios, como lo reconoce nuestra Constitución Nacional y son fundamentos sólidos y verdaderos, sobre los cuales podemos avanzar hacia un nuevo proyecto de Nación, que haga posible un justo y solidario desarrollo de la Argentina.

Queremos hoy elevar nuestras suplicas por nuestros gobernantes, para que con sabiduría y prudencia puedan construir nuestro destino buscando el bien común de todos. 

Queremos pedir por los que tienen más responsabilidad para que  comprendan que su vocación es servir a su pueblo.  Este es el verdadero fundamento de todo poder y de toda autoridad: servir    

Por eso, es fundamental generar y alentar un estilo de liderazgo centrado en el servicio al prójimo y al bien común.  El testimonio personal, como expresión de coherencia y ejemplaridad hace al crecimiento de una comunidad. Necesitamos generar un liderazgo con capacidad de promover el desarrollo integral de la persona y de la sociedad. No habrá cambios profundos si no renace, en todos los ambientes y sectores, una intensa mística del servicio, que ayude a despertar nuevas vocaciones de compromiso social y político. El verdadero liderazgo supera la omnipotencia del poder y no se conforma con la mera gestión de las urgencias.

 Hay dificultades, no las negamos.  Y frente a ellas tenemos que superar  la tentación de la queja inútil, de la protesta por la protesta. Debemos reaccionar como Jesús, amando a la Patria, como exigencia del mandamiento que nos pide honrar al padre y a la madre, porque la patria es el conjunto de bienes que hemos recibido como herencia de nuestros antepasados, es un bien común de todos los ciudadanos, y como tal, también es un gran deber. 

Como respuesta al momento tenemos que cultivar en nosotros  el patriotismo, virtud olvidada y callada, que procura cultivar el respeto y amor que debemos a la patria, mediante nuestro trabajo honesto y la contribución personal al bienestar común, que nos lleve a todos sin excepción a preguntarnos qué puedo, y qué debo hacer para cooperar al bien de nuestra querida Argentina. El verdadero patriota  busca, y se compromete en la búsqueda de los medios para poder contribuir a hacer una gran Nación.

Recibimos la patria como un legado maravilloso y una tarea inacabada. Todos somos constructores y responsables de su futuro.        No esperemos a ver que hacen los otros, no miremos con indiferencia lo que no me toca, despertemos de la inmadurez de pretender un estado paternalista. La Argentina es una obra de todos, que se hace con el deber de cada día, hecho con esfuerzo, con honestidad pensando más en los otros que en el propio interés. Actitud que supone heroísmo para no cansarse, para no claudicar, para comenzar cada mañana, en nuestro lugar, para creer y esperar que con la gracia de Dios otra Argentina sea posible legar a nuestros hijos

Queremos ser constructores de un mundo más solidario, más justo, más humano. Hoy nos toca soñar con un Bicentenario sin pobreza,  con  desarrollo integral de todos, con familias sanas que sean verdaderas comunidades de amor al servicio de la vida, erradicando todo tipo de violencia, pacificando los corazones.

 

En este día, venimos aquí a implorar al Señor, que ilumine nuestro camino y fortalezca nuestros espíritus, especialmente  a nuestros hermanos que más sufren por distintas circunstancias.

Le pido al Señor que este año de elecciones muestre la madurez cívica de los gobernantes y ciudadanos para que podamos transitarlo sin agravios, con propuestas y respeto.

Demos gracias a Dios y  pidamos su protección, sólo con su gracia, podrá ser posible  una Argentina mejor.

Invoquemos la protección de Nuestra Señora de Luján, patrona de nuestra Patria, para que la mire con amor y ternura  y la conduzca por los caminos del bien.  Que así sea