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7 de octubre de 2008 Saludo al querido Cardenal Estanislao Karlic y a Mons. Daniel Fernández. A las autoridades presentes de la provincia, de la Municipalidad, de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad. A los queridos Sacerdotes, Diáconos y Consagrados y a todos los fieles cristianos Laicos. Hermanos: 1.- Celebramos hoy a nuestra Patrona, a nuestra Señora, a la Madre que Jesús nos dio y nos encomendó desde la Cruz, a la Virgen María. En él, jubilosamente, queremos recordar los 150 años de nuestra Iglesia Diocesana establecida por el Papa Beato Pío IX y, también, por los 2.000 años del nacimiento de San hablo, el gran Apóstol de Jesús. Con los distintos actos y celebraciones que ya venimos realizando que remos alcanzar una renovación de nuestra fe, tanto individual como comunitariamente. 2.- Queremos agradecer la fe recibida, afianzarla, trasmitirla con ardor. La fe en Jesús es mucho más que una doctrina acerca de Él que hemos aprendido y es mucho mas que unos normas morales qu asumimos y que laboriosamente muchas veces buscamos realizar, con dificultades y fallas. La fe en Jesús encierra doctrinas y normas de conducta. Pero es mucho más que eso. La fe en Jesús es, fundamentalmente un encuentro personal con Él, con la persona viviente de Él, muerto y resucitado. Es un encuentro que una vez realizado exige una reiteración continuada. Y los hacemos por la Palabra de él que escuchamos, por el sacramento que realizamos y por la servicial integración a la comunidad creyente. Nosotros conocemos a Jesús por aquellos que en nuestra vida nos hablaron de Él, nos lo dieron a conocer y lo testimoniaron. Estos, a su vez, también creyeron porque otros se lo dieron a conocer. Y por esta cadena de testigos llegamos hasta los primeros cristianos y hasta él mismo Jesús. Entre ellos se encuentra Pablo: sus palabras resumen la síntesis de esta evangelización: “lo que he recibido se los trasmito”: es el núcleo de la evangelización. 3.- En este año celebramos cómo la fe llegó a nuestras tierras, aún desde antes de la misma diócesis creada hace 150 años. La fe en Jesús, la confianza en Él nos trae una visión nueva y renovadora del hombre. Nosotros y quienes nos precedieron, tenemos nuestras fallas y nuestros valores, nuestras expectativas, esperanzas y nuestros males: el encuentro con Él nos trae una novedosa manera de vivir, superando las barreras y las esclavitudes que se dan en el interior de cada uno y en lo que nos rodea. La fe en Jesús no es una varita mágica que elimine sufrimientos, fallas y deficiencias. Es más bien una fuerza o gracia de Dios que nos lleva a vivir de manera nueva y requiere el esfuerzo laborioso de dejarse recomponer por Dios, de “convertirnos. “Tomar la cruz”, así lo definió Jesús. Y es, también y principalmente, abrir el corazón para que el Espíritu nos llene de ese amor que, viniendo de Dios, es el verdadero modo de ser plenamente hombre. 4.- Las palabras de Jesús nos dan el encuentro con Él: iluminan el camino y curan el egoísmo que carcome el corazón del hombre. : OIGAMOS Y GUARDEMOS ESAS PALABRAS EN NUESTRO CORAZÓN. El encuentro con Jesús se da en el misterioso modo de su presencia en el Sacramento, en especial, la Eucaristía: CUIDADOSA Y PERSEVERANTEMENTE HAGAMOS la Eucaristía dominical y frecuente. El encuentro con Jesús, se da, finalmente en el servicial trato con el hermano. Escuchar a Jesús, celebrar su sacramento, servir al hermano han de caracterizar nuestro año jubilar. Y servir al hermano es servir a cada hombre, conozca o no conozca a Jesús, lo haya olvidado o incluso rechazado: Jesús no pudo ninguno límite ni barrera: a todos, a cada uno. 5.- Un modo especial de servir al hombre es anunciarle a Jesús. Lo llamamos como “testimonio” o “misión”. El modo mas claro y convincente de testimoniar a Jesús es amar y servir al hombre, en especial al “prójimo” = al “mas cercano”. Este abnegado amor, no siempre fácil y con frecuencia costoso requiere una íntima unión, constante con Jesús. Y siempre se expresa con una actitud de respeto servicial. L fe nunca se impone. Siempre se propone. Y se propone porque el creyente “se expone”: su vida personal, coherente con la fe es la fuerza que hace crei9ble la fe que manifiesta. En este año, también, queremos consolidar a nuestra Iglesia como misionera. El creyente, unido con Jesús, es el enviado porque en su vida vive el estilo de Jesús: humilde, coherente, servicial, veraz.. El ámbito de esta misión no tiene límites de espacio ni de tiempo: es todo hombre, cada hombre con el que me encuentre: la propia familia, el barrio, la esuela, el trabajo, la profesión, la diversión y el descanso: todo lo que es vida humana y social. 6.- Así, unidos con Jesús, somos discípulos. Enviados por Jesús somos misioneros. Y tal vez “como ovejas en medio de lobos”: es la actitud que Jesús tuvo y nos pide. No somos ni mejores que otros ni nos podemos sentir buenos (estaríamos ridículamente equivocados): Se nos pide sí que seamos veraces, humildes, respetuosos, claros, audaces en la propuesta de la verdad: es el estilo de nuestra misión. 7.-La palabra de Dios en este día nos presenta dos momentos culminantes de la Virgen María:
8.- Confiamos y creemos que Ella también está aquí, con nosotros, en este año jubilar en el que buscamos y esperamos renovar nuestra fe y alentar nuestra misión con un ardor como el de los Apóstoles. ¡AVE MARÍA PURÍSIMA! ¡SIN PECADO CONCEBIDA! Mons. Mario Maulión
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